| Biografía del artista Nacido en Bahía Blanca, Argentina en una familia de artistas visuales, desde muy temprano en mi vida me fascinaron las bellas artes, el diseño y las artes publicitarias. Tanto que la primera campaña masiva de una vinería local, continuó en mi casa con carteles hechos con carbonilla en las paredes a la altura de un niño de unos 5 años de edad. Mi padre, artista plástico, publicista, y profesor en la escuela local de artes visuales, amasó una vasta experiencia trabajando con toda clase de materiales. Antes de trabajar en publicidad, fue joyero, sastre, y trabajó con otros publicistas. Empezó a dibujar a los 13, y pintó hasta unos mese antes de su fallecimiento a los 85. De hecho, mis padres se conocieron en la misma escuela que ayudaron a establecer, y de la que más tarde mi papá se convertiría en uno de sus profesores. En su momento la ciudad se polarizó por una disputa sobre qué monumento ocuparía la plaza del centro. La sociedad civil, encabezada por artistas locales querían uno, y el ejército querían otro. Ambos mis padres se involucraron activamente en este asunto. Hasta el día de hoy, todavía quedan personas que recuerdan el desafío de derrotar la iniciativa del ejército en un país donde la presencia militar fue tan conspicua entre los 30 y los 80. Muy temprano en mi vida fui afectado por polio en el tiempo que la vacuna fue descubierta pero que no estaba accesible a los nños alrededor del mundo. Sus efectos influyeron mi destino más allá de la marca visible. Esta secuela ha sido una fuente de dolor, frustración y distisfacción, pero para mi beneficio, una fuente de inspiración. A pesar de todos los desafíos, estoy orgulloso de la persona en que me convertí. Siendo un niño inquieto a la vez que un buen estudiante, me encantaba organizar travesuras en el vecindario. Frecuentemente, mis amigos y yo nos metíamos en problemas por nuestras formas aventuradas y creativas de perturbar las tranquilas vidas de nuestros vecinos. Hasta el día de hoy, mi hermano me recuerda mi rol ejecutivo en esas iniciativas aunque en ese momento negábamos nuestra participación. Mis padres fueron grandes influencias en el desarrollo de mi personalidad. Su actitud impasible, me forzó a moverme con mi rengueo, a pesar que no hacía sentido con la vida que planearon para mí. Y yo como artista no era parte de su visión. Con esta bendición contradictoria, logré muchas cosas, y desarrollé un sentido de excelencia que impregna todo mi trabajo. Durante todos esos años, otros artistas amigos de mis padres nos visitaban frecuentemente. Entre ellos, su mejor amigo, Carlos (Cacho) Lahitte, un pintor, y Naum Knop, un un escultor reconocido en la Argentina y el extranjero y que falleciera hace más de diez años. En ese momento Naum fue el que me impactó más, y ello ocasionó que comenzara a esculpir en piedra antes de aprender a dibujar. Más tarde elegí dibujo y pintura porque me exigía menos en término de espacio de trabajo. Después del secundario, ingresé a la universidad para estudiar ingeniería porque creía que como Ingeniero iba a poder diseñar y hacer cosas. Había implícitamente en ello una vena de idealismo moral, que me llamaba a convertir este mundo en un lugar mejor para todos y para mí mismo. Para mí, todo debía ser modificado, cambiado, perfeccionado y remodelado. ¿Porqué terminé en ingeniería cuando mi familia estaba conectado con las artes? La respuesta más razonable que encontré es que la ingeniería fue un intento de entender, controlar y proyectar un orden racional a la difícil realidad que estaba viviendo. Como ingeniero me fue posible ir a muchos lugares y vivir alrededor del mundo. Cuando la oportunidad apareció, me mudé a Canadá. A pesar de ello, un corto tiempo después de empezar una carrera promisoria como ingeniero en Canadá, empezó la peor recesión económica del país desde el 30, y quedé desempleado. Para mí esto fue desvastador y necesitaba un cambio de dirección. Me tomó algo de tiempo darme cuenta que debía ver mi vida en forma diferente. Por primera vez tuve la oportunidad de enfrentar el fantasma del arte que estaba oculto en la trastienda de mi mente por tantos años. Después de un difícil y largo proceso de aceptar mi amor por las artes, en mi vida apareció una sensación de dirección. Desde ese momento no deseé enfrentar al mundo, sólo empecé a hacer sentido de éste a través del arte. En ingeniería debía jugar con reglas establecidas, en el arte con ninguna. Tanto, que no hago arte para los críticos de arte porque no se lo que los críticos quieren. Después de vivir tantos años con tales elogiable ideales morales había llegado el momento de mi liberación. Con el pasar de los años, mi deseo de comprender cedió lugar a mi deseo de hacer las cosas a mi manera. Retrospectivamente, me convertí en Ingeniero para controlar los eventos de mi vida, y luego me convertí en Artista para dominar al Ingeniero. Las artes volvieron al Ingeniero más creativo, y la Ingeniería volvieron a las artes más confiables. El arte ha influido mi ingeniería al proverme de un sentido de libertad y creatividad. En mi interior, el Constructor y el Artista reinan juntos. No hay momentos inactivos para mi imaginación; lo único que hago es imaginar cómo construir aquello que imaginé, o cómo llegar al punto de poder construir cualquier cosa que imagine. Después de mi graduación en el OCAD, participé en varias exposiciones hasta 1998, cuando decidí enfocar mi atención en trabajar en forma privada, desarrollar mi carrera como ingeniero consultor, y esperar por el momento de mostrar de nuevo mi trabajo al público.
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© Alberto E. Martorana 1993-2006 |